La ruta de las que serán violadas
Las inmigrantes
centroamericanas con rumbo a EE UU saben lo que les espera en México - Un
anticonceptivo inyectable simboliza su sufrimiento
CARLOS
SALINAS MALDONADO - Managua - 14/11/2011
Del
sufrimiento de las migrantes centroamericanas que deciden marcharse hacia
Estados Unidos sabe muy bien Marcela Zamora, una cineasta salvadoreña de origen
nicaragüense que cuatro veces hizo y deshizo el trayecto que día a día recorren
miles de centroamericanos con la esperanza de cruzar la frontera hacia el
llamado sueño americano. Se trata de una angustiosa travesía por México
de 5.000 kilómetros, en la que las mujeres centroamericanas padecen todo tipo
de abusos.
El sexo se
convierte en su única opción de supervivencia, dice un sociólogo
Esas
historias incluyen maltratos y violaciones, por los que estas mujeres, antes de
dejar sus países, toman sus precauciones: muchas se inyectan Depo-Provera, un
compuesto anticonceptivo de una sola hormona llamada medroxiprogesterona que
impide la liberación del óvulo durante tres meses con una eficacia hasta del
97%. Este medicamento es vendido libremente en las farmacias centroamericanas.
Algunos expertos han llamado al Depo-Provera la "inyección anti-México".
La mayoría de
las personas que dejan Centroamérica para intentar llegar a EE UU son mujeres:
son el 57% de los migrantes de Guatemala y el 54% de El Salvador y Honduras,
según la Mesa Nacional para las Migraciones de Guatemala. Marcela Zamora cuenta
que el uso de esta inyección es relativamente nuevo. En sus primeros viajes,
Zamora vio que las mujeres llevaban condones, su única protección ante el abuso
al que son sometidas por los llamados coyotes o polleros, las autoridades
mexicanas o los bandidos que asaltan a estas mujeres y abundan en el recorrido.
Los
preservativos son como amuletos a los que se aferran muchas centroamericanas.
"Una mujer en la Casa del Migrante de Guatemala tenía en su bolsa como
única pertenencia 12 preservativos", cuenta Argan Aragón, un especialista
en migración que ha hecho el recorrido de los migrantes y se está doctorando en
Sociología en La Sorbona. "Cuando se le preguntó por qué los llevaba,
respondió: 'Es que yo sé a lo que voy'. Realmente saben a lo que van. Se estima
que entre seis y ocho de cada 10 mujeres centroamericanas son violadas en su
paso por México", asegura Aragón.
Conscientes
de que no pueden evitar ser violadas, las migrantes centroamericanas deciden
inyectarse Depo-Provera, así, al menos evitan quedar embarazadas producto de
las violaciones. Aunque eso no las previene de enfermedades como el sida,
advierte Zamora. La cineasta recuerda que en Chiapas, al sur de México, conoció
la historia de un hombre que era el terror de las centroamericanas.
Supuestamente portador del VIH, violaba a las mujeres impunemente.
"Cometió los crímenes durante año y medio", cuenta Zamora, hasta que
las autoridades de México lo detuvieron.
Además de
usar Depo-Provera, las centroamericanas han optado por buscarse
"maridos" en el trayecto, continúa la directora. Se unen a grupos de
hombres migrantes como ellas, escogen uno y llegan con él a un acuerdo simple:
protección a cambio de relaciones sexuales durante el trayecto. Otras usan su
cuerpo como boleto de viaje para llegar a EE UU. "El sexo se vuelve una
estrategia para ellas. Algunas cuentan que piensan librar controles de las
autoridades migratorias o policiales, librar asaltos, hacerse ayudar durante el
viaje o irse con un camionero de frontera a frontera, a cambio de favores
sexuales", explica Aragón.
Y muchas lo
logran, afirma este sociólogo. "Muchas hondureñas se visten muy sexi
durante el viaje (con escotes y minifaldas), para seducir y así ir pasando los
obstáculos. Conocí a una niña muy guapa, que viajaba con pollero y con toda su
familia, que tenía que ir haciéndose novia de un chavo autóctono en cada camión
para que la policía no le pidiera papeles a ella. También tendría que acceder a
lo que le pidiera cualquier autoridad, y también se le entregaba al pollero. No
sé cómo llegó a Los Ángeles, si es que llegó, pero esto ha de haber alterado su
percepción de sí misma y de la de sus padres, con quien viajaba", dice
Aragón.
El maltrato
también viene de parte de las autoridades mexicanas, asegura Sara Lovera,
periodista de ese país que ha estudiado el fenómeno. "Nadie se hace cargo
de las migrantes. Ellas sufren una enorme cadena de violaciones a sus derechos
humanos, y la extorsión es una de las cosas más terribles: para dejarlas pasar
por México, el pago es el sexo para las autoridades", explica Lovera.
La cineasta
Marcela Zamora agrega a la lista de vejaciones la extorsión a la que están
sometidas por Los Zetas, la organización criminal mexicana que siembra el
terror en todo el país y el norte de Centroamérica. Los Zetas, explica,
secuestran a los migrantes que cruzan México y exigen a sus familiares el pago
de altas sumas, que muchos no pueden entregar; si no pagan, son asesinados.
En su
documental María en tierra de nadie, Zamora entrevista a una migrante
que fue capturada por Los Zetas. La mujer, entre llantos, contó a la cineasta
que a cambio de dejarla con vida, le exigieron que trabajara durante un mes
como cocinera y empleada de un "carnicero": "Es el que mata a
las personas que no tienen a nadie que responda por ellos. Destaza a la gente,
los mete en un barril y les prende fuego", cuenta la mujer.
"Adaptarse a esa realidad es ahora inyectarse el Depo-Provera", dice
el sociólogo Argan Aragón. "Ante la absoluta desesperación e incertidumbre
del viaje, las mujeres tratan de controlar lo poco que depende de ellas. Las
migrantes saben que van a tener relaciones sexuales, que es muy probable que
los hombres, aun en caso de relación sexual sin resistencia, no aceptarán
ponerse el preservativo".
Para las mujeres centroamericanas es
fácil acceder a un anticonceptivo como el Depo-Provera, pues ha sido usado
durante décadas por las autoridades sanitarias como tratamiento de
planificación familiar. En Nicaragua, clínicas como Profamilia entregan anualmente
unas 15.000 inyecciones a más de 4.000 mujeres, el 80% de ellas de zonas
rurales. Su está extendido en toda América Latina y está reconocida por la
Agencia del Medicamento de EE UU (FDA, en sus siglas en inglés).
En Nicaragua se usa desde la década del
setenta, y es el tercer método de planificación familiar más utilizado. En las
farmacias de Managua se adquiere a noventa córdobas, unos tres euros. "La
campesina la usa mucho, porque vive alejada de los centros de salud. Compran
las cuatro inyecciones que necesitan al año y el centro de salud les explica
cómo usarlas", dice Freddy Cárdenas, director de Profamilia.
Algunas ONG en América Latina, sin embargo, aseguran que se trata de una
droga peligrosa, por posibles daños en los huesos y problemas hormonales, y que
ha sido introducida en la región por los países ricos como método de
esterilización masiva, para evitar el crecimiento de la población de las
naciones pobres.
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